«SE GENERA CONTENIDO NOTICIOSO CUANDO EL RELATO COBRA VIDA PROPIA»

(CLAUDIA LOAIZA)

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El impacto económico que generó el Covid-19 afectó significativamente a los índices de empleo en Ecuador. Se estima que el desempleo alcanzó el 5% y que aproximadamente 90.000 personas se quedaron sin trabajo en el 2020.


A casi dos años de la llegada de la pandemia y con la reactivación productiva en marcha las cifras se han ido reduciendo de a poco. Actualmente, según la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU), la población económicamente activa (PEA) hasta octubre de 2021 era de 8,4 millones de personas. De este grupo, el 32% se encuentra en empleo adecuado, el 62,9% está en el subempleo, el 4,6% no tiene trabajo, y el 0,6% aparece en un estatus de empleo no clasificado.

 

Mejorar el panorama laboral y hacer que las personas que están en situación de subempleo migren a un empleo adecuado, con todos los beneficios que conlleva estar en relación de dependencia, es el gran desafío que tiene el país, a decir de Roberto Estrada, Director y profesor del área de Dirección de Personas IDE Business School.


Aunque aún no se ha logrado llegar a un acuerdo sobre un posible incremento salarial para el 2022, el especialista señala que de acuerdo al estudio ‘Perspectivas económicas, y estrategias futuras de modalidades de trabajo’, realizado por Deloitte se proyecta que el Salario Básico Unificado (SBU) oscilará entre 400 y 417,08 dólares, esto siempre y cuando se utilice la fórmula establecida en el Decreto 185 del Gobierno anterior.


Este monto -resalta- permitiría reducir la brecha entre los ingresos de los hogares y el costo de la canasta básica, situada hoy en 712 de dólares.


El estudio, efectuado a 144 empresas a nivel nacional, reveló también que a lo largo del 2021, el 55% de las organizaciones no realizaron incrementos de sueldos a sus trabajadores, mientras que el 45% sí lo hizo, en su mayoría durante el primer semestre y como medidas independientes a lo que define el Ejecutivo con el SBU.


La muestra, indica que de cara al nuevo año, el 58% manifestó que sí subirá los salarios, el 31% aún no lo tiene definido, mientras que el 11% señaló que no realizará ningún tipo de alza. Para Estrada que gran parte de las compañías estén dispuestas a mejorar los ingresos de sus trabajadores es sin duda algo positivo.


Las nuevas modalidades de jornada laboral es otro de los aspectos que se está considerando. El estudio ‘Perspectivas económicas, y estrategias futuras de modalidades de trabajo’ detalló que el 48% de los encuestados decidió volver a la presencialidad, debido a la importancia que tiene la comunicación para los equipos, mejorar la atención al cliente, entre otros. Entre tanto, el 52% manifestó que decidió no regresar a las oficinas por temas que van desde la seguridad hasta el ahorro de costos.


“Hay un 25% de las empresas que no ha tenido ahorros, porque trasladaron esos montos a mejorar ciertos beneficios para que el ambiente del colaborador en su hogar tenga las condiciones apropiadas y porque han mejorado los planes de seguros médicos”, explica el vocero.


Como parte de las estrategias futuras que se plantean las organizaciones, el 52% mantendrá esquemas mixtos, de ese grupo el 31% efectuará una categorización por responsabilidad, tipo de cargo y grupos vulnerables; el 21% restante aplicará una segmentación por horarios.


Así mismo, el 34% ha decidido mantener un esquema únicamente presencial con beneficios como servicios de transporte, modificaciones en las jornadas, redistribución del personal e implementación de medidas de bioseguridad, las cuales incluyen pruebas rápidas, adecuación de espacios y fumigaciones.

 

“Lo que vamos a ver el próximo año, ahora que se ha aprobado la reforma tributaria, es que la expectativa de crecimiento y de mayor generación de empleo quizás se vea un poco frenada inicialmente, hasta ir viendo el impacto que esto va a ocasionar”, finaliza.